Por qué la recalibración del marco prudencial global es, ante todo, una decisión de negocio
Planteamiento. El Basel III Endgame volvió al primer plano en 2026 porque los reguladores en EE. UU. preparan una nueva propuesta del marco de capital. El debate real, sin embargo, no es normativo: es sobre cómo cambia el costo del balance y, con él, la arquitectura del negocio bancario. Este artículo argumenta que la recalibración prudencial debe leerse como una variable de estrategia —no de cumplimiento— y evalúa las respuestas de EE. UU., Europa y el Reino Unido, con implicaciones para Colombia.
I. El mecanismo: cómo el capital llega al negocio
El Basel III Endgame designa la fase final del paquete prudencial post-crisis del Comité de Basilea (BCBS, 2017).1 Su instrumento central es el output floor: los Risk-Weighted Assets (RWA) calculados con modelos internos no pueden ser inferiores al 72,5% de los que arrojaría el enfoque estandarizado, limitando la “optimización regulatoria” que los grandes bancos han ejercido históricamente.
La cadena de transmisión es directa. Cuando sube el capital requerido por una exposición, sube el costo interno de mantenerla. El banco —que opera con capital finito y límites de apetito de riesgo, concentración y retorno ajustado— tiene dos respuestas: reducir el cupo de crédito que está dispuesto a mantener, o incrementar el ingreso por operación para que el retorno compense el mayor consumo. En la práctica, hace ambas cosas. El efecto llega al cliente en forma de spreads más altos, colateral más exigente, términos más cortos o líneas más acotadas. A nivel de portafolio, el banco reordena hacia activos con mejor Return on Risk-Weighted Assets (RORWA). Y a nivel del sistema, parte de la intermediación migra hacia actores no bancarios —fondos de crédito, mercado de capitales— que no cargan los mismos requerimientos de capital.
La tensión de fondo es real: mayor capital eleva la resiliencia del sistema y protege a los depositantes, pero se financia con patrimonio (CET1), que es más costoso que la deuda y comprime el ROE. El banco no absorbe ese costo pasivamente: lo redistribuye entre productos, segmentos y contrapartes. En resumen, cuando cambia el costo del balance, cambian tres cosas sistemáticamente: el costo de productos, el balanceo del portafolio y la frontera entre banca y no-banca.
II. Tres jurisdicciones, tres respuestas
Estados Unidos: recalibración en marcha. El borrador de julio de 2023 propuso incrementos de capital de hasta el 19% para los bancos de importancia sistémica global (GSIBs). La respuesta fue inusual: más de 2.200 cartas de comentarios, campañas públicas y advertencias de JPMorgan, Goldman Sachs, el Bank Policy Institute y la American Bankers Association. La propuesta fue retirada. En septiembre de 2025, la Gobernadora de la Reserva Federal Michelle Bowman anunció una nueva propuesta para inicios de 2026 con orientación más favorable a la industria;2 Reuters confirmó su avance en febrero de 2026.3 La nueva versión apunta a: mayor uso de modelos internos, flexibilización del output floor, menores requerimientos para gestión de inversiones e impacto más acotado sobre bancos regionales. El incremento estimado de RWA bajaría al rango 10%-16%. El juicio crítico es este: el ajuste puede ser metodológicamente justificado —el tratamiento del riesgo operacional en el borrador original era cuestionable—, pero el riesgo es que responda al ciclo político más que a la evidencia, produciendo un marco que posterga tensiones en lugar de resolverlas.
Europa: más simple, no más laxa. La discusión europea no gira alrededor del nivel de capital sino de la complejidad del rulebook: el conjunto de normas, buffers y métricas prudenciales que se han acumulado en capas que interactúan de forma no siempre coherente (Capital Conservation Buffer, Systemic Risk Buffer, Pilar 2, buffers sistémicos y directrices del Banco Central Europeo (ECB) como supervisor único). El 11 de diciembre de 2025, el ECB publicó recomendaciones para simplificar ese marco4 sin reducir el capital agregado: mejorar la absorción de pérdidas del Additional Tier 1 (AT1) en going concern o reducir componentes no patrimoniales del capital stack. El mensaje es correcto: la complejidad normativa no es resiliencia y, en muchos casos, la opaca. El riesgo está en la implementación, que exige coordinación entre legisladores, supervisores nacionales y el ECB en un entorno de alta heterogeneidad.
Reino Unido: el calendario como variable competitiva. La Prudential Regulation Authority (PRA) postergó Basel 3.1 hasta enero de 2027 citando la falta de claridad sobre los planes de EE. UU.5 La razón es estructural: cuando las jurisdicciones implementan a ritmos distintos, el mismo activo consume distinto capital en cada plaza, generando asimetrías concretas en RORWA, estrategia de balance y pricing. Cuando divergen reglas y calendarios, diverge el costo del balance, y esa divergencia se traslada al mercado.
III. Implicaciones para Colombia y para la práctica de asesoría
Para Colombia, el impacto no es normativo directo sino indirecto, por dos canales. El canal regulatorio: si el estándar global se endurece, la Unidad Reguladora Financiera (URF) y la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) —que han documentado explícitamente su convergencia a Basel III— tendrán incentivos para incorporar criterios más estrictos en futuros ajustes normativos. El canal de mercado: si los requerimientos globales disminuyen la rentabilidad de determinadas carteras o geografías, los bancos
internacionales reasignan balance, lo que puede traducirse en menores líneas de corresponsalía, mayor selectividad en créditos sindicados y spreads más altos para contrapartes locales. El escenario inverso también aplica: si la re-propuesta reduce el incremento de capital en EE. UU., parte de esa presión se alivia globalmente, aunque a costa de menores “colchones” ante episodios de estrés que históricamente se transmiten rápido a mercados emergentes.
La lectura para equipos jurídicos y financieros debe ser de dos velocidades: corto plazo, monitorear los efectos de mercado de la re-propuesta y de la divergencia UK-Europa; mediano plazo, anticipar la convergencia regulatoria colombiana y revisar qué decisiones de balance, producto y estructura contractual conviene adelantar antes de que esa convergencia sea normativa.
IV. Conclusión
El Endgame no es, en 2026, una discusión sobre si los bancos son suficientemente seguros. Es una discusión sobre quién paga el costo de hacerlos más seguros. La recalibración en EE. UU. puede ganar terreno técnico si se sostiene en evidencia —no en el ciclo político—. La simplificación europea apunta bien: la complejidad no es resiliencia. Y la decisión británica recuerda que la regulación bancaria opera en un mercado global donde la divergencia de normas crea asimetrías que los bancos inevitablemente arbitran.
El Endgame ya opera con independencia de la norma definitiva. Cada decisión de cupo, cada ajuste de pricing, cada definición de mix es hoy una respuesta a la pregunta de cuánto costará el balance en los próximos años. Para los abogados y asesores que acompañan instituciones financieras, el valor no está en leer la regulación sino en traducirla: conectar las decisiones normativas con sus efectos contractuales, comerciales y de portafolio. En esa traducción, la comprensión del mecanismo —no solo del texto— es lo que marca la diferencia.


